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Reportes:

  • Efectos de plaguicidas organoclorados en la salud pública > ver
  • Efectos de plaguicidas organofosforados en la salud humana > ver

Persistencia y bioacumulación de plaguicidas

Persistencia

Los plaguicidas llegan al medio ambiente (agua, suelo y atmósfera) por diversas rutas, debido a las aplicaciones que se hacen de éstos en los campos agrícolas y zonas forestales, en las ciudades, en los caminos, en los puertos y aduanas, y a las descargas de residuos peligrosos y emisiones tóxicas ocurridas durante su producción industrial.

 

Estas substancias químicas no sólo afectan el lugar donde se aplican, sino que también perjudican otros sitios al ser transportados por la deriva - arrastre- de sus aplicaciones aéreas y fumigaciones al suelo y estructuras urbanas; por deposición de sus partículas atmosféricas en el aire, la lluvia, neblina o nieve; por su viaje a través de las cadenas alimenticias y por las escorrentías y filtraciones de los agrotóxicos en las aguas superficiales y profundas.

 

Parte de los problemas ambientales causados por los plaguicidas se debe a su persistencia, es decir, la capacidad que tienen de permanecer en el ambiente por tiempo prolongado -días e incluso años-  sin degradarse por la acción del sol, por microorganismos, o por los cambios de su estructura química.

 

La persistencia de un plaguicida se expresa indicando su vida media, esto indica el tiempo necesario para que la mitad del residuo desaparezca bajo condiciones normales, por ejemplo, si la vida media es de 100 días, la mitad de la sustancia estará presente como residuo 100 días después de la aplicación, una cuarta parte estará 200 y una octava parte 300 días. La persistencia de un plaguicida puede variar de acuerdo a la dosis, la formulación usada y las características del ambiente por lo que su duración se expresa generalmente en un rango de ligera, poca, moderada, alta o permanente.

 

La bioacumulación y los organoclorados

Los plaguicidas del grupo de los organoclorados (porque en su molécula contienen átomos de cloro) van a tener la posibilidad de disolverse y concentrarse en los tejidos grasos de los animales, a este fenómeno se le conoce como bioacumulación. Esta concentración puede aumentar cientos y hasta miles de veces en la medida que pasan a otros eslabones de la cadena alimenticia hasta llegar al hombre y a la mujer; a este proceso se le conoce como biomagnificación. No importa que pequeñas cantidades de plaguicidas clorados se viertan al ambiente, tarde o temprano acabaran concentrándose y biomagnificándose en la grasa de los peces, ganado, productos lácteos, hasta llegar a los humanos y con ello causan daño a la salud de los seres vivos o al medio ambiente.

 

Ejemplos de plaguicidas organoclorados de la primera generación son; DDT, aldrín, endrín, dieldrín, clordano, toxafeno que ya están prohibidos en nuestro país, pero aún están autorizados otros como lindano, endosulfan y pentaclorofenol.

 

Autores como Joe Thornton (1) consideran que hay una segunda generación de plaguicidas clorados, es decir, que cuentan con uno o más átomos de cloro en su molécula, aunque toxicológicamente son clasificados como insecticidas organofosforados y herbicidas de otros grupos toxicológicos. La presencia de cloro en su molécula les da mayor persistencia y movilidad en el medio ambiente, por lo que se han encontrado plaguicidas como atrazina, clorpirifos, endosulfán, clorotalonil, metolaclor y terbufos incluso en el aire, la lluvia y la neblina.

 

A pesar de su reputación, los plaguicidas clorados de la segunda generación son también persistentes y tóxicos, aunque en menor medida que los de la primera generación. Los herbicidas del grupo de las triazinas (que incluye a la atrazina, cianizina y simazina) y las acetanilidas (alaclor, metolaclor, y acetoclor) son los que han recibido más atención. La atrazina puede persistir en el aire y agua por grandes periodos, particularmente en climas fríos. Un estudio encontró que después de 70 días, menos del 1 por ciento de la atrazina se degradó completamente en agua, 80% permaneció intacta y el 19% restante se transformó en otros productos clorados. Alaclor permanece sólo de 6 a 10 semanas en suelo, esto es suficiente tiempo para que pueda entrar en el agua subterránea, donde tiene una vida media de cinco años. Dada su persistencia moderada y su gran uso, ambos compuestos -junto con el herbicida clorado 2,4-D- son de los más frecuentes en agua potable, agua subterránea, lluvia y niebla en los Estados Unidos y Europa.

 

Notas

(1) Thornton, Joe, Pandora´s Poison. Chlorine, Health and a New Environmental Strategy, Cambridge, Massachusets, London, England, MIT Press, 2000, pp. 35 y 298-301.

 

 

Para mayor información consultar:

La espiral del veneno. Guía crítica ciudadana sobre plaguicidas

Fernando Bejarano, RAPAM, Texcoco, México, 2002

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Otros aspectos

Cosechadora de tabaco en México.

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