La lucha contra la incineración
El movimiento ciudadano contra la industria de la incineración de residuos ha sido un componente importante en la lucha contra los COP y ha adquirido un carácter internacional.
La incineración en un sentido amplio incluye un proceso de combustión u oxidación térmica de residuos, para reducirlos a gases y cenizas. La quema de basura en incineradores fue primero practicada en Europa en el siglo XIX. En la década de 1930 el método barato de enterrar los residuos llevó a un aumento en la construcción de depósitos bajo tierra (“rellenos sanitarios”), que se fueron sofisticando para recibir residuos industriales peligrosos mediante el añadido de filtros, capas impermeables y sistemas de vigilancia y recolección de lixiviados (“confinamientos de residuos peligrosos”). Sin embargo, en la década de 1970 la falta de espacio para construir nuevos rellenos sanitarios o confinamientos de residuos peligrosos; el incremento enorme del volumen de residuos municipales y peligrosos; el rechazo de comunidades y gobiernos locales que no deseaban recibir basura de otros lugares y ver contaminados su suelo y su agua, todo ello llevó a que la industria del manejo de residuos comenzara a promover las tecnologías de incineración como una solución a “la crisis de la basura”.42
Las empresas promueven la incineración como una forma de reciclaje o de “recuperación de recursos”, si se obtiene energía a través de la quema de residuos. Sin embargo, la cantidad de energía recuperada, no sólo no es significativa sino que en muchos casos es notablemente menor que la energía que se ahorra si, en lugar de quemar los productos, se los repara, reutiliza, recicla o compostea, evitando tener que fabricarlos de nuevo con materials vírgenes. Agregado a esto, el mismo proceso de incineración deja residuos que son con frecuencia más tóxicos que los materiales originales.
Los diversos tipos de incineradores incluyen los destinados a la combustión de residuos municipales y los que se utilizan para incinerar residuos peligrosos. Entre los residuos peligrosos se encuentran diversos tipos de residuos industrials sólidos, líquidos y lodos, así como residuos biológico infecciosos provenientes de hospitales. Al ser identificados los incineradores como una fuente de generación de dioxinas y otros contaminantes, la oposición ciudadana a ellos ha ido creciendo. Tan sólo en Estados Unidos, entre 1985 y 1994, alrededor de 280 propuestas para instalar incineradores de residuos municipales fueron rechazadas o se dejaron de lado. Asimismo, decenas de gobiernos en todo el mundo prohibieron o restringieron la incineración de residuos, ante la evidencia de los peligros que representa esta tecnología, e impulsados por la presión ciudadana.43
Frente a la oposición a los incineradores, en los últimos años se ha extendido la práctica de la industria cementera de quemar residuos peligrosos y no peligrosos como combustible alterno de sus hornos rotatorios para la producción de cemento. Esta práctica es promovida por el cartel de transnacionales que controlan el mercado mundial del cemento, como una “Iniciativa para el cemento sostenible”; de este modo realizan un doble negocio, ya que ganan por el tratamiento de residuos y por la venta del cemento, y de paso se maquillan de verde, al presentar esta práctica como forma de ahorro de energía y como solución al problema de los residuos, como veremos con mayor detalle en la página 31.
La incineración representa una ventaja para quienes generan residuos peligrosos; esto se debe especialmente a que desaparece la responsabilidad legal vinculada a los residuos, una vez que entran al incinerador. A diferencia de los problemas legales causados por el vertido o por el lixiviado en los confinamientos, en el caso de la incineración no hay etiquetas de tambores que identifiquen al generador de residuos, ya que éstos se transforman en gases atmosféricos y en cenizas, y allí los residuos originales no pueden ser rastreados. La responsabilidad se traslada de la empresa generadora a la que opera el incinerador.44
Liberación de COP y otras sustancias peligrosas por los incineradores 45
Todos los tipos de incineradores liberan residuos peligrosos, ya sea gases de chimenea, o cenizas que pueden contener metales pesados y productos de combustión incompleta, formándose de manera involuntaria nuevos COP, tales como dioxinas y furanos. De acuerdo a la propia EPA, los incineradores de residuos peligrosos liberan miles de Productos de Combustión Incompleta (PCI) durante el proceso de incineración. Estas partículas son emitidas en los gases de chimenea y también depositadas en las cenizas residuales y líquidos de los incineradores de residuos peligrosos.
Gases de chimenea: Emiten contaminantes orgánicos persistentes, como dioxinas, furanos, PCB, hexaclorobenceno, que como ya se verá con mayor detalle son muy tóxicos, persistentes y bioacumulables en las cadenas alimenticias. Además se liberan otros compuestos orgánicos, incluidos gases de efecto invernadero; metales pesados, incluidos plomo y cadmio; gases ácidos; y partículas ultra finas que escapan a los filtros y equipos de control de emisiones (de 2.5 micras), que pueden permanecer suspendidas en la atmósfera por largos períodos o depositarse en los pulmones. Estas partículas pueden acarrear dioxinas y metales pesados. Las emisiones atmosféricas de COP pueden desplazarse a grandes distancias y afectar a las comunidades y al medio ambiente.
Cenizas: Los procesos de incineración generan dos tipos de cenizas: las cenizas del fondo que quedan después de la incineración y las cenizas volantes, algunas de las cuales son capturadas por los equipos de control y otras son emitidas a la atmósfera. Las cenizas pueden estar contaminadas con PCI y metales pesados.
Las emisiones fugitivas: Son residuos que se liberan de manera accidental durante las operaciones de transporte y manejo, a veces en cantidades iguales o mayores que las emisiones atmosféricas de chimenea. Los metales pesados contenidos en los residuos que se queman, no se destruyen sino que se redistribuyen y cambian de forma física. En ocasiones adquieren una mayor toxicidad, y resultan más fáciles de inhalar, de ingerir, o bien de lixiviarse, en el caso de la ceniza de los incineradores. Se han identificado por lo menos 19 metales en los gases de chimenea, las cenizas y otros residuos de los incineradores. Los metales liberados comúnmente son mercurio, plomo, cadmio, cromo, arsénico y berilio, todos conocidos como posibles cancerígenos. El mercurio se libera de los incineradores en forma gaseosa, como mercurio elemental; es un potente neurotóxico y se biomagnifica en la cadena alimenticia.
Las limitaciones de los métodos de medición de dioxinas y furanos las señalaremos en la cuarta parte del libro, al referirnos a los inventarios de dioxinas en los planes nacionales de aplicación del Convenio de Estocolmo. Cabe por el momento anotar que los actuales métodos de medición subestiman la liberación real de dioxinas, al no incluir un método de medición continua, por varios días y no por unas cuantas horas, como sucede normalmente. Además, el informe de liberación de dioxinas debe ser total, no sólo de la emisión en los gases de chimenea sino también en cenizas y otros residuos líquidos y sólidos. Las medidas de control de dioxinas y furanos que establecen los gobiernos son muy débiles y se reducen a una o dos mediciones al año, con previo aviso, por lo que no reflejan las condiciones medias reales de operación, con encendidos, apagados y fallas frecuentes.
Impactos de la incineración en la salud y medio ambiente
Las investigaciones sobre la exposición humana y medioambiental a las emisiones procedentes de la incineración son limitadas, pero hay ya una evidencia acumulada de que los incineradores –tanto las instalaciones más modernas como las más antiguas– contribuyen a la contaminación local de los suelos y la vegetación con dioxinas y metales pesados y tienen un efecto negativo en la salud de trabajadores y población vecina expuesta.
Las poblaciones que viven cerca de las incineradoras se encuentran expuestas a sustancias químicas peligrosas, sea por inhalación de aire contaminado, por el consumo de productos agrícolas locales contaminados (verdura, huevos y leche), o por el contacto directo con suelo contaminado. Los niveles de dioxinas y compuestos de similar toxicidad en los tejidos de las personas que viven cerca de las incineradoras son mayores, incluidas la sangre de los niños y la leche materna.
Aunque limitados, diversos estudios han documentado los siguientes impactos en trabajadores que laboran en diversas incineradoras de residuos sólidos urbanos: niveles elevados de mutágenos (con capacidad para dañar el ADN de las células) en la orina; aumento de los niveles de hidroxipirebo en la orina (un indicador de exposición a hidrocarburos poliaromáticos); aumento en 3,5 veces la probabilidad de muerte por cáncer de pulmón; aumento en 1,5 veces la muerte por cáncer de esófago; incremento de 2,79 veces la mortalidad por cáncer de estómago; incremento de alergias; disminución de la función del hígado; hiperlipidemia, isquemia coronaria (insuficiencia de la corriente sanguínea al corazón que provoca angina de pecho) y cloracné.46
Otros estudios sobre la salud de las poblaciones que viven cerca de las incineradoras han documentado los siguientes impactos: daños cromosómicos; niveles de tioéteres en orina; aumento de diversos cánceres (un 44% en sarcomas de tejido blando, y un 27% en linfomas no Hodgkin (que no incluyen los tejidos linfáticos); mortalidad por cáncer de pulmón y cáncer de laringe; aumento del 37% en mortalidad por cáncer de hígado; incremento de dos veces en la probabilidad de mortalidad por cáncer infantil. También se han observado problemas respiratorios y enfermedades pulmonares (dificultad para respirar, tos persistente y bronquitis) cerca de cementeras. A ello se agregan malformaciones congénitas como “labio leporino”, espina bífida e hipospadias (los testículos no descienden); hay estudios contradictorios sobre posible incremento de embarazos múltiples y se ha encontrado niveles bajos de hormonas tiroideas en niños.47
La conexión entre el contenido de cloro en los residuos y la formación de dioxinas en la incineración
Uno de los aspectos polémicos en la crítica a la incineración es la relación entre el contenido de cloro presente en los residuos y el aumento o disminución en la generación de dioxinas. Para el Consejo de la Industria Química del Cloro (Chlorine Chemistry Council), citando algunos estudios, el diseño del incinerador y las condiciones de operación son los factores críticos que determinan el aumento de dioxinas y furanos resultantes de la combustión y afirman que no hay una relación entre ese incremento y el de los residuos clorados.48 De este modo, la industria desea evitar el ejercicio de restricciones o políticas que limiten o cuestionen el uso de productos ofrecidos por ella.
A pesar de los argumentos de la Industria del Cloro, hay un cuerpo significativo de evidencia científica que demuestra lo contrario: que la formación de dioxinas disminuye cuando el contenido de compuestos clorados disminuye. En efecto, la división científica de Greenpeace Internacional realizó una amplia revisión de la literatura científica publicada hasta fines del 2001 y a partir de ello argumenta lo siguiente: dado que cada molécula de dioxina contiene dos o más átomos de cloro, el cloro es absolutamente necesario para la formación de dioxinas, por lo tanto, si el cloro no está presente, las dioxinas no se forman. Hay tres tipos de estudios que han comprobado la relación entre el bajo contenido de cloro y la reducción de la formación de dioxinas: estudios realizados en sistemas de combustión en laboratorio y a una escala piloto; en sistemas de combustión en pequeña escala; y en sistemas de combustión a escala completa.49
En el caso específico de los incineradores a escala completa, algunos estudios han comprobado la reducción de la formación de dioxinas al haber reducción del contenido de cloro, mientras que otros estudios no han llegado al mismo resultado. Esto ha sido interpretado por algunos reguladores como una indicación de que para esta particular categoría de sistemas de combustión, el insumo de cloro tiene poca o ninguna influencia en la formación de dioxinas.
No se ha presentado ninguna explicación científica para explicar porqué o cómo la relación cloro-dioxinas en los incineradores de escala completa debería ser distinta a la que se da en los otros sistemas de combustión. Sin embargo, una explicación práctica de la inconsistencia en los resultados obtenidos por los estudios de los incineradores de residuos en amplia escala puede encontrarse en las dificultades que presenta este tipo de estudios, como son: errores en el diseño del estudio, métodos de muestreo y análisis con un alto nivel de incertidumbre, una emisión retardada de dioxinas (cuando las dioxinas son absorbidas en la pared de las chimeneas y luego liberadas lentamente), gran variabilidad del contenido de residuos y, finalmente, la incertidumbre de las mediciones de cloruro de hidrógeno en los gases de chimenea, como indicador del contenido de cloro.50 Las consecuencias regulatorias de la correlación entre el contenido de cloro en los residuos y la formación de dioxinas, ha llevado a algunos gobiernos a imponer restricciones al contenido de cloro del combustible usado o de los residuos quemados en los incineradores y a plantear la sustitución de los materiales clorados. Por ejemplo, el gobierno sueco ha promovido la sustitución del plástico PVC o vinilo (policloruro de vinilo) para el año 2007. El PVC contiene un 57% de cloro y ha sido identificado como el principal constituyente de compuestos clorados en incineradores, al igual que un importante contribuyente a la formación de dioxinas en los incendios ocurridos en los basureros.51
La oposición internacional a la incineración
La expansión de la industria de la incineración en los países del Sur, en los últimos años, se ha dado al amparo de argumentos que señalan que se ha mejorado la eficiencia de la combustión y los dispositivos de captura de contaminantes.
Se afirma que con estas medidas se reducen y controlan las emisiones peligrosas; sin embargo estos controles, si bien reducen la generación de contaminantes, no logran eliminarla. Por otra parte, el costo de los equipos para filtrar o controlar la contaminación puede llegar a representar una tercera parte o incluso hasta la mitad del costo de la instalación. Esto se ve principalmente en los países industrializados, que cada vez imponen mayores exigencias de control de emisiones. Para los países del Sur, salvo que permitan que los incineradores operen con medidas menos estrictas de control –lo que crearía un doble estándar inaceptable- la opción de incinerar de los residuos peligrosos resulta demasiado onerosa.52
Otros problemas que se agravan en los países del Sur son las dificultades y gastos mayores en el monitoreo de los contaminantes provocados por los incineradores, por no contar con laboratorios especializados ni con personal técnico entrenado; por limitaciones en materia de confinamientos de residuos peligrosos adecuados para el depósito de las cenizas; por problemas de mantenimiento; por diferencias en la composición de los residuos, lo que puede afectar la operación de los incineradores; por hechos de corrupción y, finalmente, por problemas financieros al recibir menos toneladas de residuos que las planeadas. La incineración de residuos municipales es una inversión de alto costo de capital y poca fuerza de trabajo empleada. Además del desperdicio de recursos que implica, elimina la posibilidad de creación de otras Fuentes de empleo, a diferencia de las operaciones de reciclado de materiales. 53
En el año 2000 se constituyó la Alianza Global para Alternativas a la Incineración (GAIA, su sigla en inglés), que forma una red de más de 400 organizaciones e individuos miembros en 70 países de Europa, Estados Unidos, Asia, Africa y América Latina. GAIA apoya la resistencia ciudadana contra los incineradores y promueve proyectos de producción limpia y reducción de la generación de residuos, con la meta última de “basura cero” (zero waste). 54
Los incineradores municipales, hospitalarios, de residuos peligrosos y los hornos cementeros que queman residuos clorados como combustible son unatecnología sucia que puede ser reemplazada por sistemas de prevención y manejo que reduzcan en la fuente la generación de estos desechos. Los que no puedan reducirse deben ser tratados con tecnologías adecuadas que no generen nuevos contaminantes. En la sección dedicada a las Mejores Técnicas Ambientales ahondaremos en este tema.
En el caso específico de las alternativas a los incineradores de residuos hospitalarios existe una campaña y red internacional denominada “Cuidado de la Salud sin Daño” (Health Care Without Harm), que agrupa a hospitales, consultores, enfermeras, profesionales del sector salud y empresas proveedoras de servicios que promueven, además de alternativas a la incineración, la eliminación del mercurio, el PVC, y otras sustancias tóxicas, a fin de reducir los riesgos a la salud de trabajadores y pacientes mediante sistemas eficaces de reducción, segregación y tratamiento de los residuos hospitalarios.55
En la cuarta reunión del Comité Intergubernamental de Negociaciones del Convenio de Estocolmo, celebrada en Bonn, Alemania en marzo del 2000, más de 36 organizaciones sociales y ambientalistas pertenecientes a IPEN se pronunciaron contra la transferencia de incineradores desde Estados Unidos y Europa hacia el resto del mundo. Además hicieron un llamado para que el convenio establezca mecanismos de ayuda técnica y financiera para promover tecnologías alternativas de no combustión, a fin de que el tratamiento de las existencias acumuladas de COP pueda realizarse sin que se produzcan dioxinas y furanos.
Notas
42 - Kenny Brunno, Greenpeace Inventory of Toxic Technologies, New York, USA, May 1994. Capítulo dedicado a la Incineración
43 - La lista completa se encuentra en la publicación Waste Not , The weekly reporter for ration al resource management num. 283 al 294, July 1994, Canton NY.
44 - Peter Montague, Rachel’s Hazardous Waste News num 283, USA april 29, 1992.
45 - Ver Kenny Bruno, op. cit.; Pat Costner y Joe Thornton Playing with Fire, Hazardous Waste Incineration. A Greenpeace Report. USA 1993, y Neil Tangri, Waste Incineration: a dying technology. Essential Action, Global Alliance for Incineration Alternatives (GAIA) Phillipines- USA , 2003
46 - Un resumen y revisión de los estudios de salud ocupacional y epidemiológicos a los que hace referencia este inciso se encuentra en el reporte de Michelle Allisop, Pat Costner and Paul Johnston, Greenpeace Research Laboratories, Incineration and Human Health. State of Knowledge of the Impacts of Waste Incinerators on Human Health. Amsterdam, 2000
47 - Ibid.
48 - Chlorine Chemistry Council, What are the facts about dioxins and furans? USA. s/f
49 - Pat Costner, Chlorine, Combustion and Dioxins: does reducing chlorine in wastes decreas es dioxin formation in waste incinerators?, USA. Greenpeace International, September 10, 2001.
50 - Pat Costner, op cit.
51 - Joe Thornton, The PVC lifecycle: Dioxin from cradle to grave. Greenpeace Report, April 1997, y los numerosos informes escritos por Pat Costner, de la unidad científica de Greenpeace Internacional.
52 - Brenda Platt “Incineration: wasted money, wasted resources” del Institute for Self Reliance,
en GAIA campaigner bulletin. Vol. 1 num. 2, Phillipines, October- December 2001.
53 - Neil Tangri, op. cit , pp.35-36. Para mayor detalle ver el reporte de Brenda Platt Institute for Local Self Reliance y GAIA Resources up in Flames. The economic pitfalls of incineration versus a Zero Waste Approach in the Global South. March 2003. en www.no-burn.org
54 - www.no-burn.org
55 - http://www.no-harm.org
Fuente: Fernando Bejarano González. Guía Ciudadana para la aplicación del Convenio de Estocolmo. RAPAM,RAPAL, IPEN, ONUDI,PNUMA, GEF, México, 2004. pp 20-27