Contaminación de los cuerpos de agua
El agua es uno de los recursos más escasos en nuestro país, cuya conservación debería ser prioritaria para asegurar la sustentabilidad de cualquier sistema productivo. El uso continuo de plaguicidas contamina el agua, tanto la que se extrae de los pozos profundos, como la de los arroyos, ríos, lagos y estuarios. Sin embargo, en nuestro país la Comisión Nacional del Agua no realiza un monitoreo regular de plaguicidas en los cuerpos de agua, y las investigaciones realizadas se han realizado por iniciativa de instituciones académicas.
Debido a la escorrentía de los distritos de riego o de las áreas de aplicación de plaguicidas se pueden contaminar las aguas superficiales. Desgraciadamente es frecuente que se laven los tanques y equipos de aplicación de plaguicidas, en arroyos o canales, contaminándolos y afectando, corriente abajo, a animales acuáticos, plantas, el fitoplancton, zooplancton y a los peces.
En México se ha documentado la presencia de plaguicidas organoclorados en el sistema de riego en el noreste, encontrándose niveles altos de los insecticidas endrín, DDT, aldrín y heptacloro en un estudio en 1977, y en el acuífero del Valle del Yaqui en el estado de Sonora, encontrándose en 1991 plaguicidas organoclorados en pozos de agua potable y en pozos de agua para uso agrícola en varios ejidos de la región, concluyendo que el consumo de agua potable representaba un riesgo a la salud en varias comunidades. También se ha medido la presencia de herbicidas como el 2,4-D y 2,4-5’T en el agua subterránea de la Península de Yucatán en otro estudio en 1995.
En Estados Unidos se ha documentado ampliamente la contaminación por plaguicidas del agua subterránea, principal fuente de abastecimiento de agua potable en áreas rurales. En un reporte de 1988 la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) documentó la presencia de 74 diferentes plaguicidas en el agua subterránea de 32 estados. Los principales plaguicidas que se encontraron fueron el insecticida aldicarb, el herbicida atrazina y alaclor que fue un insecticida que había sido prohibido por ser cancerígeno.
Para mayor información consultar:
La espiral del veneno. Guía crítica ciudadana sobre plaguicidas
Fernando Bejarano, RAPAM, Texcoco, México, 2002
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