El endosulfán es un insecticida tóxico, persistente, bioacumulable y que puede desplazarse a grandes distancias. Por ello, la Unión Europea ha propuesto que sea incluido en el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, para su posible eliminación mundial.
Hasta el momento, 60 países lo han prohibido, incluida la Unión Europea. En América Latina se encuentra prohibido en Colombia y, en 2009, Venezuela le canceló el registro para cualquier uso agrícola. Las autoridades federales en Brasil y Uruguay están evaluando también la cancelación o severa restricción de su registro. El Estado de Río de Janeiro ha propuesto la prohibición del uso de edosulfán en esa entidad debido a la contaminación causada por un derrame de este insecticida en el río Paraiba do Sul, en noviembre del 2008.
En México, el endosulfán está autorizado en 42 cultivos, entre los cuales están el maíz, algodón, frijol, diversas hortalizas y café, aunque existen alternativas para controlar las plagas en dichos cultivos. Las importaciones del endosulfán han aumentado en los últimos años alcanzando las 731 toneladas en el 2006, provenientes de Israel, India y Alemania.
RAPAM-CAATA se une a la campaña mundial por la prohibición del endosulfán, colaborando con la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas en América Latina (RAP-AL) y la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes Orgánicos Persistentes (IPEN) , promoviendo acciones para la cancelación de todos los registros de este insecticida en México.