Los insecticidas organofosforados y carbamatos son neurotóxicos, pues afectan de manera inmediata el sistema nervioso. Además, éstos y otros plaguicidas pueden causar problemas crónicos y/o retardados en el sistema nervioso central y en el sistema nervioso periférico de animales y humanos.
Generalmente, las secuelas crónicas se presentan después de estar en contacto con plaguicidas durante algunos meses o años, aunque haya sido en concentraciones muy bajas y aunque no hubiese casos de envenenamiento inmediatos, o bien pueden ser consecuencia crónica de un envenenamiento moderado o severo.
Ciertos insecticidas organofosforados han causado lo que se conoce como una polineuropatía retardada que se manifiesta en debilidad, movimiento tembloroso y paso inseguro (ataxia), parálisis de las extremidades (principalmente de las piernas), pérdida de reflejos y disturbios sensoriales; estos síntomas pueden persistir durante semanas o años, y pueden presentarse cinco semanas después de una intoxicación aguda. [1]
En otros casos puede ocurrir el llamado ¨síndrome intermedio ¨ de 24 a 96 horas después de una intoxicación aguda de organofosforados, con síntomas similares a la polineuropatía retardada: con debilidad muscular, principalmente facial, del cuello y de los músculos proximales de las extremidades, y en ocasiones parálisis de los nervios craneales; los compuestos más comunes causantes de este síndrome son los insecticidas paratión metílico, fentión y dimetoato. [2]
Muchos plaguicidas son capaces de penetrar la barrera cerebral mientras que otros pueden tener efectos indirectos en el cerebro al alterar el suministro de oxígeno, nutrientes, hormonas o neurotransmisores. Estudios epidemiológicos han mostrado que pacientes envenenados por plaguicidas organofosforados y carbamatos pueden experimentar secuelas neurosiquiátricas, incluso años después de ocurrida la exposición, tales como dificultades con la memoria, falta de concentración. Estas secuelas sólo se detectan con exámenes neurosicológicos. Otros casos reportan la persistencia de dolores de cabeza, visión nublada, debilidad muscular, depresión, irritabilidad y desarrollo de intolerancia a olores químicos específicos. [3]
En el caso de otros plaguicidas como los fumigantes está documentado que la exposición al bromuro de metilo, fluoruro de azufre y dicloroporopeno ha causado cambios de personalidad y pérdida de la concentración. En el caso del bromuro de metilo hay pérdida de sensibilidad en el tacto y reducción de la habilidad cognitiva, y en el caso de dicloropropeno hay incremento de la depresión y ansiedad.
La exposición crónica a plaguicidas como el paraquat, ciertos organofosforados, dieldrín, y los funguicidas a base de manganeso (como maneb y mancozeb) también se le ha asociado con la llamada enfermedad de Parkinson. [4] Esta enfermedad afecta los ganglios basales del cerebro y se presenta en personas de edad madura y ancianas; se caracteriza por temblor en las manos que puede extenderse a las piernas, rigidez y dificultad en realizar movimientos espontáneos como sostener una taza, tendencia a inclinarse hacia delante y perder el equilibrio. [5]-[6]
Los plaguicidas pueden ser especialmente peligrosos para el desarrollo neurológico en los niños.
Notas
[1] Gina Solomon, et al. PSR 2000 op. cit., Chapter 6, "Neurological and behavioral effects of pesticides", p. 36 y 36. J. Routt Reigart et al.EPA 1999 op. cit. capítulo 4, y Lizbeth López Borrador, op. cit.
[2] J. Routt Reigart et. al., EPA 1999 op. cit., capítulo 4 , p.42. Gina Solomon, et. al. PSR 2000 op. cit., Chapter 6, p. 35.
[3] Gina Solomon, loc. cit., Lilia Albert, Los plaguicidas, el ambiente y la salud, Centro de Ecodesarrollo, México, 1991, p. 135, y J. Routt Reigart, et. al. EPA 1999 op. cit., capítulo 4.
[4] Gina Solomon, et. al. PSR 2000 op. cit., Chapter 6.
[5] Diccionario Médico, segunda edición, Oxford University Press, TEIDE,. Barcelona, España, 1992.
[6] Lizbeth López Carrillo, op. cit